jueves, 23 de diciembre de 2010

EL RINCÓN DEL POLLITO: CAÑAS Y TAPAS

En estos días, tan entrañables, amigos y familiares se juntan para compartir mesa y mantel para acabar bien el año y desear lo mejor para el próximo.
Con ese cometido, nos juntamos la Srta. Sereda y un servidor en el restaurante Cañas y Tapas, de la plaza del Celenque.
No es que sea el mejor de los sitios del mundo, pero hay sitio y en estos tiempos de agravante crisis que nos rodea, esta bien de precio. Además ya se sabe que al ser comidas de confraternidad, lo importante es la compañía.
Pedimos por consenso menú del día, la simpática Oksana de primero pidió una ensalada del país que constaba de; lechuga, lechuga rizada, lombarda o radício (cortada en juliana), aros de cebolla, ventresca y tomate. Espero no haberme olvidado de algún ingrediente, por no oír a Oks, primera movida, no había sal en las vinagreras, unos minutos en traerlo, yo pedí arroz a banda de primero, no me pusieron ali olí y lo pedí, en este caso deberían de estar admirados de mi petición y los minutos fueron bastante mas. Yo como no quería cabrearme al pedirlo por tercera vez le roge al amable pero despistado camarero que se apresuraran a cumplir mi humilde petición debida a, la ya considerable bajada de temperatura de mi apetitoso arroz, que la verdad es que era muy aceptable, tras unos eternos minutos, me dieron la salsa requerida en un recipiente de forma cubica, pero de el volumen aproximado de un dedal de cerámica, si, si, de esos que pone Rdo. De Cadiz o similares que a alguna de mis pobres sobrinas en alguna ocasión he regalado, como homenaje a la cultura celtibérica.
Antes de traer los platos nos pusieron vino (Antaño) y casera, la botella estaba empezada y mi joven acompañante requirió una botella entera a lo que el camarero dijo “es que son dos” aún estoy intentando aclarar tan extraño enigma, a favor del amable camarero, decir que nos puso un poco de ensaladilla rusa de aperitivo, la cual llegué a pensar que se había equivocado con el ali olí.
Bueno de segundo la anfitriona (ella pagaba) pidió lubina, bueno, media y yo que iba a pedir pollo al ajillo, avisaron que se había terminado y que el ave podía tomarlo a la plancha, la parte de la pechuga. Lo que no me avisaron es que sabría a pescado, me imagino, que por compartir espacio con el pez antes mencionado.
Para endulzar tan maravillosa comida, pedimos unos profiteroles, bastante secos.
En fin por 9 y pico el menú podrían haberse esmerado un poco, ya que la comida mala, mala no era pero el servicio puede mejorar, tal vez con un mejor entrenamiento.
La endulzarnos aún mas fuimos a el mercado de San Miguel, degustando un exquisito postre caliente recomendado por la ya mencionada restauradora de origen ucraniano. El postre constaba de semillas de amapola y guindas, recubierto de hojaldre. Acompañado de un capuchino.
Antes tomamos una copita de moscatel de Málaga y otra de oloroso.
Eso si para terminar con tan deliciosos postres acabamos con una copita de Torres Floralis Moscatel Oro, vino con olores a flores, dominando el olor a rosas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡Como vives, macho! ¡Vaya comilona!

Yo.